sábado, 30 de julio de 2011

Confía


Iba en el tren con las manos temblando. Una hora de viaje apróximadamente. Primer día de trabajo en otro país, con otra gente, otras calles, otro idioma, otro sistema, otra cultura, otra vida.

Recuerdo que cuando conseguí el puesto, la felicidad me duró 5 minutos. Tenía miedo. El hecho de embarcarme en algo nuevo,  ambicioso, empezar de cero en lo desconocido, éso me asustaba. Y me pasó lo mismo que me pasa con los aviones. Me muero de miedo de volar en avión, pero la idea de viajar me encanta, entonces, aún muerta de nervios, me subo en el avión y vuelo.

Y si no lo hago bien? Y si no me adapto al sistema de este país? Y si no tengo la capacidad necesaria para este empleo? Y si no cubro sus expectativas? Y si...?  Quien pudiera leer los pensamientos de una mujer muerta de miedo! Cuántas cosas pasan por la cabeza de una muchacha con miedo a vivir...

Ahora iba en el tren pensando. Viendo pasar una película que ya había visto antes. Todas las veces que sentí miedo. De niña, antes de aventarme a la piscina. En clases de teatro, al interpretar a una mujer fatal. Antes de postular a la universidad.  Y también cuando conseguí mi primer trabajo. Al oír: "no quiero seguir contigo" de los labios de un ex al que adoraba. Muchas veces al manejar mi auto sola por la noche, en Lima. Otras tantas veces al querer decir lo que realmente pienso y siento. En la oscuridad de la noche, cuando era niña. Cuando recogí en el aeropuerto a un tipo al que jamás había visto personalmente, pero que viajó 17 horas para conocerme y enamorarse de mí. El día en que renuncié al trabajo que tuve durante nueve años. Y al irme acercando al counter de control migratorio, el últmo día que pasé en mi país.

Miedo, miedo, miedo. A caerme y golpearme, a hacer el ridículo, a fracasar, a la incertidumbre, a perder el control de mi vida (si es que alguna vez lo tuve, ja!), a estar sola, a que me hagan daño, a no ser aceptada, a perder, miedo al llanto, a arriesgar, a atreverme.  He sentido miedo a tantas cosas en mi vida.

Las veces que sentía temor, me ayudaba mucho escuchar esta canción:


El tren paraba en distintas estaciones. La gente subía y bajaba. Y yo ahí sentada, muriéndome de miedo. Mi celular sonó. Era M. Sólo el escuchar su voz me hizo sentir segura. No puedo escribir las cosas que me dijo porque aún escucho una vocecita dentro de mí que me dice que no merezco aquellos adjetivos. M enumeró una lista de cualidades que a mí me resulta difícil ver en mí misma. Me aseguró que todo saldría bien. Cómo lo sabes? le pregunté. Porque te conozco y sé que vas a saber manejar cualquier situación. 

Una hora en tren se me hizo un año. Esperaba que por fin llegáramos a la estación central. Y se me vino a la cabeza que así me he pasado mucho tiempo en la vida. Esperando a que ocurra algo, para recién ser feliz. El día que termine la universidad, el día que encuentre al amor de mi vida, el día que gane más dinero, el día que pueda comprar esto o aquello, el día que conozca tal ciudad, el día que cumpla x años, el día que me mude, el día que me case.... Siempre esperando. Y si mejor me enfoco en el aquí y ahora? Y si me dejo de preocupar tanto por lo que pueda o no pueda pasar? Y si me relajo y disfruto este momento, sin presiones, aceptando lo que venga, bueno o malo. Sin miedo. Sin pensar tanto en un momento que aún no llega.

Por qué no disfrutar este instante? Estoy viajando en tren, rumbo a mi primer día de trabajo en otro país. Habiendo conseguido el tipo de trabajo que hace muchos años quiero tener. En el tipo de empresa en el que siempre he querido trabajar. Tengo entre mis manos la posibilidad de empezar a escribir un nuevo libro. De abrir nuevas puertas. De pintar un nuevo cuadro: el de mi nueva vida. Lo que tanto había buscado, por fin llegó. Por qué tener miedo ahora? Por qué no confiar en el destino, en la vida, en Dios. 

Ha pasado un mes y ya he tomado ese mismo tren varias veces. Todos los días. Los primeros días no fueron nada fáciles. Muchas cosas nuevas que no entendía, mucha gente de distintos países, mucha tecnología y modernidad que jamás en mi vida había visto.

Me dieron una lap top, un celular, una tarjeta de acceso a un parking privado (y yo que aún no tengo auto!), un usuario, una contraseña y un escritorio que sube y baja al apretar un botón. Mis compañeros son de Europa, de Asia y de USA. Soy el lunar latino del grupo. Debo intercambiar e-mails y hablar en dos idiomas diferentes (muy distintos al mío) todo el día. Ya me ha ocurrido que le hablo en idioma "A" al que deblo hablarle en idioma "B". Me han puesto cara de: qué me estás diciendo? no te entiendo nada. Me ha ocurrido también que llego apurada a la estación de tren sólo para ver como las puertas se cierran y el tren se pone en marcha, sin mí. También ya me pasó que trabajé dos horas en un archivo y no lo pude enviar a tiempo porque olvidé guardarlo en la memoria de la lap top. Y obviamente, tuve que volverlo hacer. Y ya pasé por el roche de hacer una pregunta tonta delante del Gerente más importante del Proyecto.

Igualmente han ocurrido cosas buenas. Hay gente muy interesante de la cual hay harto por aprender. Hay muchas nuevas culturas que estoy empezando a conocer. He descubierto un vagón en el tren donde está prohibido hacer ruido y por lo tanto puedo trabajar en mi lap top con toda calma. El Gerente del Proyecto ya me confía sus códigos, llamadas y me llama por mi nombre. También he encontrado un restaurant de comida latina (donde venden empanadas) a la vuelta de mi trabajo! Ya escuché por primera vez: "excellent job" de los labios de mi jefe y por último, ya empezamos a tener nuestras propias bromas y chistes con mis compañeros de trabajo.

Estoy pensando en todo lo que me hubiera perdido si no me hubiera atrevido. Si hubiera dejado que el miedo me paralizara. Estoy pensando en que tal vez es hora de "premiarme" a mí misma por haber sido valiente, por enfrentarme a mis temores, por atreverme a vivir. Un premio. Algo como por ejm una tarde entera leyendo a Bryce Echenique o una sesión de dos horas viendo mi serie favorita riéndome a carcajadas o tal vez ese par de sandalias que ví hace unos días al pasar por una tienda...

Canción para no sentir miedo. Para atreverse. Para salir a la calle en tacos y con cartera.