sábado, 2 de octubre de 2010

Mi mejor amigo - Dedicado a mi hijo J


"Jacko está muy bien sra. Claudia. Es uno más en nuestra familia. Se ha acostumbrado mucho con nosotros. Yo le he tomado muchísimo cariño y él también ha aprendido a quererme. Corre por todos lados moviendo la cola cuando yo llego a la casa, como haciendo fiesta. Ahora somos inseparables. Puede usted estar tranquila porque aquí le damos mucho amor y él está feliz con nosotros".

Tuve sentimientos mezclados cuando leí el correo electrónico que el sr S me había escrito. No pude evitar que un nudo se formara en mi garganta. Pero al mismo tiempo una sonrisa se dibujaba en mis labios. Jacko, mi amigo, mi "hijo" como yo solía (y suelo aún) decirle, está adaptándose perfectamente bien con su nueva familia. Lo quieren mucho, se preocupan por él. Y él a cambio los llena de amor.

Se acordará de mí? De nuestras caminatas juntos? Aquellas veces en que, a corazón abierto, le contaba mis sueños, mis tristezas, mis miedos y mis alegrías. Se acordará de la manera especial con la que yo sujetaba su hocico con mi mano y acercaba mi nariz a la suya? Se acordará de todas las veces en que, siendo todavía un cachorro, se dormía arrecostado en mi vientre mientras yo también dormía echada en el sofá?

Llegó a mi casa un 5 de mayo en brazos de uno de mis mejores amigos. Apenas me vio se robó mi corazón. Era tan chiquito e indefenso y me miraba con cierto temor. Le pusimos una canasta con frazadita como cama. Había que ayudarlo a meterse dentro de la canasta porque no se atrevía a alzar las patitas. Ni mi mami ni yo sospechábamos que detrás de esa mirada tímida se escondía un perro súper travieso, juguetón, extremadamente sociable, cariñoso, faldero y siempre dispuesto a dar un poco de cariño.

Al inicio mi mamá se mostró un poco reacia a tener una mascota en casa. Pero Jacko se encargó de hacerle cambiar de opinión en menos de una semana. Es que era imposible resistirse a un cachorro tan bello y tierno, que se echa patas arriba para recibir unos segundos de cosquillitas en la panza, que se pone entre tus piernas para sentirse seguro, que hace pequeños gemiditos de tristeza cuando te alejas de él, que te mira con ojos de que tú eres todo lo que él tiene en este mundo. Jacko se ganó a toda la familia. Hasta los vecinos lo saludaban a él y no a mí cuando salíamos de paseo.

Mi hermana, que vive en otro país, se quejaba de que mi mamá sólo le hablaba de Jacko cuando ella llamaba por teléfono. Ay mamá qué exagerada eres, cómo es posible que un animal te tenga tan embobada. Que si jugó con su hueso, que si saltó de alegría cuando Claudia llegó de trabajar, que si ya aprendió a hacer sus necesidades en el patio y no por toda la casa, que si Jacko esto, que si Jacko el otro. Mi hermana no entendía por qué se hacía tanto revuelo por Jacko en la casa. Claro, nunca antes había tenido una mascota. Pero todo el recelo que sentía por aquel animal que le estaba robando la atención de su mamá, se le fue directo a la basura cuando lo vio por primera vez. Una miradita de esas y mi hermana estaba ya derretida como mantequilla. Una vez más Jacko lograba derretir el hielo con sus orejas largas y peludas y esa expresión única en sus ojos.


Todo aquel que se cruzaba en nuestro camino se deshacía en elogios: qué lindo tu perro, qué precioso su pelo, qué cariñoso, qué amigable, qué tierno... Jacko se convirtió en el engreído del barrio entero.

Un día llegó a la casa un hombre muy muy alto y guapo. Jacko percibió que aquel hombre era amigable y que podía confiar en él. Mientras jugaba con él y recibía cosquillas en la panza, Jacko, que siempre ha sido muy observador, notó una miradita especial entre su mamá y aquel hombre alto, pero no le dio mucha importancia en ese momento. Era más divertido disfrutar de unas cosquillitas en la barriga...

El tiempo pasaba y aquel hombre de repente aparecía en casa nuevamente. Luego se ausentaba por un tiempo pero siempre volvía. Y cuando estaba ausente ocurría algo muy extraño. Claudia se pasaba horas frente a un aparato, mirando una pantalla y hablando con alguien invisible. Sólo se escuchaba la voz del hombre alto pero. Jacko se había dado cuenta desde el primer instante que Claudia se llenaba de emoción cada vez que el hombre alto venía a la casa. No lograba entender exactamente por qué pero sabía que algo estaba pasando. No se imaginaba que aquel hombre se llevaría a su mamá muy lejos de él un día no muy lejano.

Nunca olvidaré la noche en que empecé a llenar cuatro maletas grandes con todas las cosas que me llevaría a mi nueva vida en otro continente. Jacko caminaba de un lado a otro, olía la ropa que yo metía en las maletas y caminaba pensativo. Cuando por fin terminé, voltée pensando que él estaría oleteando las maletas, pero no. Se había echado en la puerta de mi dormitorio con el hocico entre las patas y me miraba fijamente con tristeza profunda. Había comprendido que pronto me iría...


Hubiera dado todo por traerme a Jacko conmigo. Averigué tarifas a pagar, papeles que había que tramitar, todo, absolutamente todo. Pero mis ilusiones murieron cruelmente cuando el doctor le dijo a mi esposo que su alergia no había mejorado. Era totalmente imposible que él viviera en una misma casa con un perro o un gato porque un ataque alérgico, podría ser realmente peligroso para su salud.

Me quedaba como consuelo saber que tal vez mi mami necesitaba a Jacko como su fiel compañero que era. Meses después me dí cuenta que mi mami, no podía con él. Siendo una señora mayor, no podía compararse en velocidad y agilidad con Jacko que ya había estado a punto de perderse en varias ocasiones. El simple hecho de imaginarlo perdido dando vueltas por la calle, abandonado e indefenso, me ocasionaba un frío en la espalda.

Pasé noches llorando y despertándome a mitad de la noche. Estaba atada de pies y manos a miles de kilómetros de distancia, sin poder hacer nada. La enfermedad terrible de uno de los hermanos de mi mamá empeoró las cosas. Mi mamá necesitaba ocupar su atención en mi tío, como es lógico y Jacko pasaría casi todo el día encerrado y solo en casa. Me sentía la peor persona del mundo. Cómo es posible que hubiera abandonado a mi mejor amigo?  Qué sería de mi Jacko? Sólo me quedaba una alternativa.

Invertí todo mi tiempo y atención en encontrarle un nuevo hogar a Jacko. Tenía que ser una familia que adorara a los animales y que me permitiera seguir teniendo contacto con él. Hablé con muchas personas, mandé e-mails, hice llamadas, mi mamá visitó distintas familias y finalmente encontramos un nuevo hogar para mi hijo.

Te acordarás de mí Jacko cuando vaya a Lima de vacaciones y te visite?  Recordarás mi voz y mi olor? Me seguirás queriendo como antes o estarás enojado conmigo por haberte dejado? Vas a dejar que te agarre el hocico y la nariz como solía hacerlo?

El que nunca ha tenido un perro como mascota no entiende lo que escribo. Quien nunca ha tenido un perro se pierde de uno de los amores más sinceros, incondicionales y fieles del mundo. Un amor que no pide nada a cambio, que no juzga, que no traiciona. Un amigo que siempre está presente. El más fiel de los amigos, el que nunca falla.

El señor S me escribe contándome novedades sobre "mi hijo". Me envía fotos y me cuenta lo bien que se está adaptando con su nueva familia. Yo respondo:"Mil gracias por escribirme y darle tanto amor a Jacko, estoy tan feliz de saber que está en muy buenas manos y que los ha aprendido a querer...". Una lágrima corre por mi mejilla, me tomo una pausa y respiro profundo e intento encontrar palabras. Necesito llorar por unos segundos, tratar de borrar por un ratito tantos recuerdos que vienen a mi mente para tener fuerzas y poder seguir escribiendo...