jueves, 16 de septiembre de 2010

Monjas, sexo, religión y niñez


Seríamos cultivadas, amables, educadas, obedientes y corteses. Seríamos unas verdaderas damas cuando creciéramos. Las monjas en mi escuela eran amables y estrictas a la vez. Nos educaron para ser damas respetables y cultas.

En mi época de niñez, si uno tenía una hija y quería darle una buena educación, tenía que inscribirla en un colegio religioso. La niña sólo sociabilizaría con niñas. Se convertiría en toda una dama en el futuro.

En casa la situación era un poquito más "abierta", no tan rígida como en el colegio. Mis papás nos contaban sobre sexo a mí y a mi hermana mayor. Teníamos que estar preparadas en caso de que algun "forajido" nos quisiera "palabrear" para obtener éso que él quería obtener. Es decir, que si el chico en cuestión quería acostarse con una, una debía responder: "NO! Para que lo sepas, yo no soy una cualquiera, soy una muchacha de mi casa y sólo me acostaré con el que sea mi esposo en un futuro". Mi mami nos enseñó que una "muchacha de su casa" llega virgen a la noche de bodas. Una dama tiene que casarse intacta y de blanco. Sólo las resbalosas se acuestan con el enamorado y hacen cochinadas antes del matrimonio, decía mi mami con voz de "mamá lo sabe todo".

La religión era también algo muy importante cuando yo era niña. El Padrenuestro se rezaba en mi colegio como mínimo 5 veces al día y además también en inglés y en francés (sin contar con las otras oraciones dedicadas a la Virgen María, el Credo, la del ángel de la guarda y el Yo Pecador!). Uno tiene que rezar mucho para que Dios nos escuche, decían las monjas. Y si eras una niña que sería una dama respetable en el futuro, peor aún. Había que rezar aún más.

En casa también solíamos rezar cada noche y los domingos íbamos a misa. Cuando yo no me portaba bien, es decir, cuando salía con alguna de mis pataletas que no iban de acuerdo con mi condición de niña educada por monjas inmaculadas, mi abuela me decía: "Dios te está mirando...Papalindo ve todo lo que haces y si no te portas bien te va a castigar". Había una imagen del Corazón de Jesús colgada justo arriba de la puerta del dormitorio. Esa imagen era como la voz de mi conciencia. Sus ojos me miraban cada vez que yo hacía una travesura. Yo no me atrevía ni a levantar la mirada por encima de la puerta.

Un buen día le pregunté al sacerdote de mi colegio: "Por qué tenemos que rezar tanto?" (aquí la cara le cambió al cura) "Nosotras nos aburrimos con tanto rezo a la entrada y salida, en el recreo y cada que empieza una clase nueva! Es muy aburrido!" (el rostro le iba cambiando a color verde y las cejas se le iban elevando poco a poco). Sin notarlo yo, continué con mi queja: "Yo no creo que a Dios le guste que recemos por obligación, nada más porque ustedes nos obligan. Una debería de rezar cuando una tiene ganas...con el corazón y no por obligación" (Aquí el Padre Raúl ya estaba sudando frío y el infarto le sobrevendría en cualquier momento). Desde ese día me convertí en la rebelde del colegio para todas las profesoras y monjas. Todos tenían sus ojos puestos en mí, listos para corregirme o mandarme callar.

Yo siento que muchas cosas han cambiado en Perú desde esa época. Por lo menos la educación sexual es mucho más abierta. Mi sobrino de seis años puede describir una relación sexual con todas sus letras y con mucha naturalidad además. Ah! y con las palabras indicadas, que dicho sea de paso son términos médicos o biológicos como: órgano sexual masculino, coito, etc. A pesar de que al principio me sonrojaba, luego pensándolo bien, me parece que está súper bien. Los niños pierden el interés y la curiosidad por algo de lo cual se puede hablar sin tapujos. Si uno le pone misterio es peor porque más quieren saber. Pero si se habla de ello como quien habla del almuerzo de hoy, entonces se convierte en algo natural. Nada cochino ni sucio como nos lo enseñaron las monjas en mi colegio.

De mi niñez y educación tengo que decir que yo creo que mi mami hizo un muy buen trabajo con mi hermana y conmigo. Nos enseñó a respetar a los demás, a valorar lo que tenemos (lo material y espiritual) y a ser independientes. Esto último es algo que yo considero valiosísimo en la educación de una persona. Yo conozco muchos casi treintañeros que trabajan, viven en casa de sus padres y no aportan ni un sol a la caja familiar. Pienso que nada se gana manteniendo a los hijos hasta grandes. No aprenden a ganarse la vida, a ser responsables.

Estas cosas que mi mami nos enseñó quisiera yo también enseñárselas a mis futuros hijos. Pero yo quiero ser mucho más "open mind". Quiero ser una mamá sin prejuicios. Una mamá que no se escandaliza si mi hijo un día llega vestido de hippie. Quiero enseñarles que en la vida deben dedicarse a aquello que los haga realmente felices, no importa qué. Quiero que mis hijos puedan venir a mí y hablar conmigo de lo que sea, en el momento que sea y que sepan que no los voy a juzgar ni me va a dar un infarto si me cuentan algo "fuera de lo común". Quiero que puedan hablar de sexo conmigo y que ellos mismos, ya de adultos, puedan escoger su propia religión, si es que desean tener alguna.

Las monjas de mi colegio se horrorizarían si leyeran esto que hoy escribo. Y seguramente pensarían que no he cambiado en nada. Que aún sigo siendo "la niña rebelde del colegio" que ellas, en sus momentos de oración rezando por la salvación de mi alma, aún recuerdan.

Tercer sexo de Indochina es una de las canciones que bailábamos como locas con las chicas en la época del cole, por supuesto a espaldas de las monjas...