martes 31 de agosto de 2010

Un día totalmente común

(Extraído de un texto estudiantil en idioma extranjero)

Mi vida ha cambiado enormemente desde que me mudé a este lejano país. En Lima yo estudiaba y trabajaba. Acostumbraba a levantarme a las 04.45am todas las mañanas de lunes a sábado y manejaba mi auto todo el día de un lado para otro por razones laborales y estudiantiles. Solía salir muy temprano de mi casa por la mañana y regresar muy tarde por la noche.
En este país (mi nuevo hogar) la cosa es totalmente distinta para mí. Un día normal, común y corriente, comienza para mí a las 07.15am. Tengo que decir que es lo máximo poder levantarse después de las 07.00am como el resto de los mortales. Mi esposo y yo tomamos desayuno y vemos las noticias por la tele. Un pan típico de aquí, té, yogurt y queso nos vienen perfecto en el desayuno. El canal de noticias SVT informa sobre el clima y mi esposo y yo hablamos también sobre el clima (es lo que hacen todos aquí, hablar y quejarse del clima). Mi esposo se va a trabajar pero antes me besa por casi un minuto. Yo tomo una ducha, me seco el cabello, me maquillo y me visto. A veces suelo chequear mi correo electrónico antes de salir sólo para ver si mi mami me ha escrito.

Por la calle donde vivo, salgo corriendo a la escuela. Un hombre con su pequeña hija y una señora mayor se cruzan conmigo todas las mañanas por la misma calle durante mi carrera loca y alborotada hacia la escuela. Siempre trato de no llegar tarde pero a veces sucede (o debo decir casi siempre?). En la escuela me encuentro con mis compañeros de clase que provienen de todos los países posibles en el mundo (algunos países de los cuales yo jamás en mi vida había escuchado hablar). También encuentro a los profesores y profesoras que son tremendamente amables y siempre dispuestos a ayudar. Hablamos todo el día el nuevo idioma, el idioma propio de este país, leemos en ese idioma, escuchamos audios en ese idioma, escribimos en ese idioma, pestañamos, bostezamos, pensamos y hasta renegamos en ese idioma. Entregamos composiciones, escribimos reseñas de distintas obras, leemos literatura, estudiamos y respiramos gramática, desarrollamos tareas, nos quejamos del clima, nos reímos unos con otros y tomamos café en las pausas. Hasta ahora no logro comprender cómo es que gente proveniente de lugares tan lejanos y con idiomas tan distintos pueden llegar a aprender un sólo idioma tan diferente y extraño y comunicarse por medio de él.

En el camino de regreso a casa doy un paseo por la calle de las tiendas que queda muy cerca a mi casa. A veces compro algunas cosillas, debo reconocerlo. Vivir en el mismo centro de la ciudad y rodeada de tantas tiendas es una tentación casi imposible de resistir para una chica como yo. Por otra parte es una inyección de energía caminar por la calle y estar rodeada de tanta gente que nació en cualquier lugar menos en mi país y que habla cualquier idioma menos el mío. Se siente raro, como un desafío, un reto.

En casa hablo por Skype con mi mami, le escribo mensajes en el Facebook a mis amigos de Perú y hablo por teléfono con mis nuevos e internacionales amigos de aquí. A veces veo a Tyra Banks con su show en la tele y luego continúo haciendo las innumerables tareas de la escuela. Almuerzo, claro que sí, pero no es muy divertido almorzar sola.

Luego de unas horas llega mi esposo del trabajo. Hacemos muchas bromas, nos reímos, nos besamos, hablamos, nos reímos nuevamente y salimos felices hacia un hermoso y extraordinariamente enorme bosque que hay a 2 kms de aquí. Ahí corremos casi 4 kms cada dos días. Es rico correr en ese bosque mirando el mar, respirando aire fresco, con árboles tan altos que se pierden de vista. Un bosque así no hay en Lima, por éso lo disfruto tanto, porque nunca ví uno igual.
Después de correr conversamos y nos reímos pero esta vez menos porque estamos muertos de cansancio y con las justas podemos respirar. Tomo una ducha mientras mi esposo toca su guitarra eléctrica. Tiene harto talento para la música!. Una vez que él también tomó un baño, cenamos y vemos la tele. Antes de que el día acabe vuelvo a estudiar un rato más el nuevo idioma que debo aprender y cuando mi esposo está soñoliento y los ojos se le están cerrando me doy cuenta que es momento de ir a dormir.

A veces extraño la radio donde yo trabajaba, mis compañeros de trabajo, los estudios de audio, los comerciales que grababa, la universidad, los cursos, mi súper moderno auto 4x4 que se llamaba Charlotte y que vendí por mudarme al otro lado del mundo, mi perro Jacko (a ése bandido lo extraño a diario y a cada rato), el gimnasio donde solía entrenar, mi a veces estresante rutina diaria, el servicio delivery de la farmacia a la media noche, mi mami (por supuesto!), algunas margaritas con mis amigas en el Chili's del Óvalo Gutiérrez, mi celular Motorola que solía sonar a cada rato, la sensación riquísima de trabajar y ganar mi propio dinero, caminar con actitud de 'soy una profesional exitosa' por la vida y por último extraño a veces también el queso fresco que no existe en este país (ya lo busqué por todos lados). En una palabra, a veces extraño mi antigua vida en Lima.

Ahora hago una pequeña pausa, leo lo que acabo de escribir, miro a mi alrededor, respiro profundamente, veo al amor de mi vida casi dormirse en el sofá y pienso que no cambiaría ni el más mínimo detalle. Todo lo volvería a dejar una y otra vez por seguirlo a donde quiera que fuera, hasta el último lugar del mundo.